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El espionaje de la Policía Bonaerense al movimiento de mujeres

Mar del Plata fue escenario del VI Encuentro Nacional de Mujeres, hace casi tres décadas. Era la primera vez que tenía lugar en territorio bonaerense y los espías de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos (Dippba) relevaron información sobre los temas de los talleres y la cantidad de participantes que figura en el legajo 254 de la mesa denominada Factor Social . Así consta en el archivo de esa repartición cuya actividad de inteligencia durante la dictadura se cobró miles de vidas de luchadores y luchadoras, y que es custodiado por la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), que aporta documentación probatoria a los jucios por delitos de lesa humanidad y también registra la violencia institucional en democracia. De hecho, la Dippba se disolvió en 1998 y es así que la inteligencia bonaerense vigiló las manifestaciones feministas de esos años tales como marchas que exigían justicia por femicidios.

“A lo largo del tiempo, la Dippba como central de inteligencia ha tenido como función central el seguimiento y la persecución de la disidencia, en sus distintas formas. En estos documentos, el Encuentro Nacional de Mujeres y distintas expresiones de las luchas feministas por el aborto forman parte de sus blancos de espionaje, dando cuenta del carácter disruptivo y cuestionador del orden social jerárquico y patriarcal de cuya vigilancia y conservación la agencia de inteligencia policial asumía en sus informes”, dijo a Página/12 Sandra Raggio, directora general de la CPM. “Esto marca con fuerza la necesidad de transformación de todas las agencias estatales para la garantía de la igualdad de derechos de los géneros y de las disidencias sexuales, porque si bien la Dippba fue disuelta no se han disipado las fuerzas estatales, sociales y políticas que intentan acallar las voces de mujeres y disidentes para seguir sosteniendo el orden patriarcal, heteronormativo, discriminador y violento que sigue predominando”, agregó.

“VI encuentro nacional de mujeres. Mar del Plata” es el asunto del legajo 254 de la Dippba, que se inició en noviembre de 1990, seis meses antes de que el encuentro se realizara y la información original fue producida por la comisaría 1ª de General Pueyrredón. Página/12 pudo saber que la Dippba tenía delegaciones en toda la provincia desde las cuales recolectaba la información, algunos documentos dicen “mmpp” o “medios propios”, lo que significa que era un agente el que recolectaba aunque no pudo comprobarse si hubo o no infiltración. “En otros casos dicen ‘hemos tomado conocimiento’ y eso puede haber sido de muchos modos, incluso la infiltración porque era una práctica de la Dippba que en dictadura era sistemática”, explicó una fuente de la CPM. Algunos documentos están firmados o bien por un agente o por el responsable de la delegación, para remitirlos a “casa central” de La Plata, en esos casos figuran los nombres en los documentos.

Desde 1986 el Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) se realiza en distintas ciudades del país. La comisión organizadora de aquel primer encuentro estaba integrada por 43 mujeres que reconocían su origen en la III Conferencia Mundial de Mujeres en Nairobi, y habían establecido como objetivo discutir “el rol de la mujer en la sociedad contemporánea, la violencia y la discriminación en el mundo laboral y político”, entre otros temas. El sexto encuentro de 1991 fue el primero que tuvo lugar en la provincia de Buenos Aires y tuvo un atento seguimiento de la inteligencia de la Policía Bonaerense. El legajo 254 tiene 30 fojas, las primeras son un relevamiento sobre las actividades organizativas previas a las jornadas en Mar del Plata.

El encuentro finalmente se realizó el 6, 7 y 8 de junio, y el informe de inteligencia que cierra el legajo es una conclusión, más bien descriptiva: “Aproximadamente 6 mil mujeres participaron de los 27 talleres desarrollaron en esos días. Los espacios de debate más concurridos fueron mujer y familia, mujer y trabajo, y mujer y educación, siendo el más debatido el V centenario de la conquista de América”. Los espías policiales señalaron que la participación de mujeres mapuches por su propuesta de realizar el siguiente ENM en Neuquén, para localizarlo en el año del quinto centenario de la conquista, en regiones con fuerte presencia de comunidades originarias.

A pesar de que la Dippba ya no funcionaba y que el noveno ENM se realizó en Corrientes, el legajo 527, de la mesa “Factor Social”, de 1994 menciona que la Policía Bonaerense detuvo el paso de varios micros con destino a esa provincia. Ese legajo contiene, entre otras fojas, un recorte periodístico que enumera la lista de temas que se tratarán en los talleres. Además relata la presión ejercida por parte del justicialismo antiabortista, encabezado por el entonces gobierno nacional. Vinculado a esto menciona que la policía bonaerense en Zárate detuvo, por orden del Ministerio del Interior, a varios micros con destino al Encuentro que pertenecían a un sector identificado con las consignas sobre la despenalización y legalización del aborto.

Espías empoderados La CPM en su resumen, elaborado en ocasión de este 34º Encuentro en La Plata, destacó que “el término femicidio es un concepto político construido y visibilizado colectivamente para denunciar la violencia machista en su expresión más extrema y la impunidad con la que se perpetúa, su figura se incorporó al Código Penal argentino en 2012 y fue una de las tantas conquistas de la organización y la lucha feminista”. En tal sentido, las demandas de justicia que se fueron expresando en las calles pusieron en evidencia de que no se trataba de crímenes aislados por motivaciones pasionales sino homicidios por razón de género. Esas marchas también fueron registradas por la Dippba, es así que en el archivo hay menciones a innumerable cantidad de femicidios: Carolina Aló, Gilda Mansilla, María Soledad Morales, Rosa Garay, Susana Canteros, Vanesa Cisterna, entre otros.

Otro de los informes a los que se dedicaron los agentes de inteligencia de la policía bonaerense fue sobre lo sucedido el 29 de diciembre de 1996, cuando un cuerpo fue hallado en zanjón en el bario El Trébol de Ezeiza. La DIPPBA recogió datos sobre el caso y agregó una juicio de valor muy sugestivo: “De auscultaciones efectuadas en la zona en donde se produjo el hecho se pudo determinar que la víctima poseía varios novios por lo cual no se descarta la posibilidad que la causa de su muerte habría sido producto de cuestiones sentimentales”. En otro informe agrega datos sobre su vida privada: “Pertenecía a la clase baja […] sería consumidora habitual de cocaína “.

Incluso el caso de María Soledad Morales no fue ajeno a este cuerpo de espías ultraactivos en la dictadura pero creado en 1956 por la autodenominada Revolución Libertadora. El legajo 30.480 sobre “Panorama policial” observó: “La oficilialidad superior e intermedia, así como una gran parte de la suboficiliadad policial de esta Provincia, se hallan visiblemente influencias por el poder político gobernante en esa región desde hace varias décadas” . Y agrega: “Los tres últimos amotinamientos policiales fueron estrechamente relacionados con los vaivenes políticos derivados del affaire Morales y actualmente estas fuerzas solo responden al clan Saadi” .    Desde la CPM agregaron que hay una gran cantidad de legajos que reúnen información sobre el caso Morales, la mayoría de ellos relevamientos de las multitudinarias marchas del silencio que tuvieron epicentro en Catamarca pero se extendieron en todo el país. 

El legajo 256 de la mesa A, “Factor Estudiantil” , señala sobre las “incidencias” del caso en la provincia de Buenos Aires que la Comisión juvenil pro-justicia para María Soledad, compuesta en su gran mayoría por ex compañeras de estudio de la joven, “se encuentra abocada a la extensión del caso a todo el país”.  En la foja 24 de ese mismo legajo 256, también se agrega esta apreciación: “Es menester recalcar toda ocasión de protesta masiva para que organizaciones de izquierda y entidades de derechos humanos utilicen estos actos para usufructuar y propiciar su influencia de descontento social hacia las autoridades gubernamentales “.  Durante esos años en los que regía la democracia, las distintas delegaciones de la Dippba remitirán informes a la dirección central sobre las marchas de silencio realizadas en distintas ciudades de la provincia; en esos legajos se reúnen notas periodísticas, volantes, y también datos sobre las marchas como la cantidad de asistentes o las consignas. Por ejemplo, la bandera que da nombre a este apartado: “Que llegue la justicia”. El caso María Soledad llegó a juicio ocho años más tarde y sólo tuvo dos condenas: Guillermo Luque –hijo del entonces diputado nacional Ángel Luque– fue condenado a 21 años de cárcel por asesinato y violación, y Luis Tula a 9 como partícipe secundario de violación.

La clandestinidad bajo vigilancia En mayo se presentó por octava vez consecutiva el proyecto de interrupción legal del embarazo en el Congreso nacional. El año pasado el proyecto había sido aprobado en la Cámara de Diputados y desaprobado en Senadores. Pero ya en 1990 hay en el archivo de la Dippba una gran cantidad de material vinculada a la problemática. Informes de inteligencia que produce información desde los debates legislativos por el aborto hasta las atenciones de abortos incompletos en hospitales públicos o el allanamiento a clínicas clandestinas.

El legajo 725 de la mesa “Factor Social” está titulado “Aborto. Tomo I y II” . El primer tomo se originó en agosto de 1990 y es un relevamiento de las notas periodísticas sobre el tratamiento del proyecto de despenalización del aborto en la Cámara de Senadores. También se reúne información sobre actividades de difusión y debate que el movimiento de mujeres venía realizando en la sociedad. Allí aparecen algunos nombres que son referentes en la histórica lucha por el aborto legal como Dora Coledesky.

En 1992 se incorpora a ese tomo un informe de inteligencia con el asunto “Atención de abortos en hospital Gandulfo” y tiene el sello de confidencial. El informe toma conocimiento de las atenciones a abortos “incompletos o afectados”; según los profesionales médicos, se atenderían ocho casos por día, en un promedio que llegaría a los 240 casos mensuales. La mayoría de las mujeres se presentarían en el hospital con abortos provocados e ingresarían con “cuadros de infección con maderas, tallos de perejil, agujas de tejer u otros elementos, que se colocarían ellas mismas, o con zondas que serían puestas por alguna ‘comadrona’ de su barrio para provocar la interrupción del embarazo”.  El informe que recoge comentarios del cuerpo médico del hospital, aclara que “algunos casos son recuperables, pero que la muerte en la mayoría de las pacientes es inevitable”. Y agrega: “la mayoría de las mujeres en esa situación oscilarían en las edades de 14 a 30 años […] Y los abortos serían practicados en zonas periféricas, correspondiendo la mayoría de los casos a mujeres de escasos recursos”.

Durante toda su existencia, la Dippba monitoreó las luchas y organizaciones feministas: realizó tareas de espionaje, inteligencia y control de estos movimientos. La persecución fue minuciosa, intentando clasificar su ideología y su grado de peligrosidad. Como botón de muestra, existen documentos de 1947 sobre el seguimiento a la Unión de Mujeres de la Argentina. Se trata de uno de los legajos más antiguos que son previos a la creación del servicio de inteligencia de la policía bonaerense en 1956; tras su creación, la agencia hereda informes que venían produciendo otras dependencias. La participación social y política de las mujeres fue registrada desde entonces y hasta la disolución de la Dippba en 1998. El legajo 269, Mujeres contra la violencia familiar , de 1997 es uno de los últimos informes presentes en el archivo, recoge como lo hacía año a año la inteligencia realizada a los actos por el Día internacional de la no violencia contra las mujeres. 

“El registro de la vigilancia policial es, en definitiva, el registro de las luchas y organizaciones feministas a lo largo de más de medio siglo. La Dippba encierra esta paradoja: un archivo construido para la persecución y la censura se convierte en un reservorio de la memoria de las luchas populares. De archivo de los perseguidores a archivo de las víctimas del espionaje. En esos documentos están la agenda política del movimiento de mujeres, los deseos de transformación y la búsqueda de una sociedad más igualitaria y sin violencia”, concluyó la CPM.