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La capital provincial con los ciclos de agua más largos del país

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En reunión del Consejo de Ministros, efectuada a principios de mayo, Antonio Rodríguez, presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), reconoció que la ciudad de Pinar del Río es la que más altos ciclos de abasto de agua tiene de todas las capitales provinciales del país

Pinar del Río.–Rosa Aimy Barrera no disimula el desconcierto. «Aquí, el agua llega lo mismo a los 15 días, que a los 20, que a los 25. La situación que tenemos es crítica».

Vecina de la calle 4ta. del reparto Jacinto, cuenta que las cosas no siempre fueron así. Al principio de mudarnos, la ponían todos los días, pero hace más de 15 años que eso cambió.

Los ciclos largos e irregulares de abasto la han obligado a almacenar el vital líquido en cuanto recipiente tiene en su casa. «Debajo de la meseta, por ejemplo, está lleno de pomos -dice. El día que ponen el agua, uno tiene que utilizar todo lo que encuentre, porque no sabe cuándo la volverá a tener».

Aun así, confiesa que en ocasiones ello no es suficiente. «A veces no nos queda más remedio que pagar una pipa entre dos o tres vecinos, que puede costar 300 pesos, 400 o 500. Lo que te quieran pedir».

Como ella, miles de pinareños sufren los problemas con el abasto de agua que, desde hace años, arrastra la provincia.

Del otro lado de la ciudad, en la calle g del reparto Lázaro Acosta, Osmay Pérez también lamenta los ciclos extremadamente prolongados de suministro.

«En Acueducto dicen que la ponen cada diez o 12 días, pero eso no quiere decir que le llegue a todo el mundo», advierte Osmay Pérez.

«Con frecuencia, la presión es muy poca y hay quienes no recibimos nada. En papeles está que ya nos tocó, pero para uno significa tener que esperar otros diez o 12 días, a ver si tiene suerte».

En marzo de 2006, por ejemplo, nuestro diario definía esta situación como «un gran problema para la población», y advertía que el mal estado de las redes y conductoras hacía que se perdiera la mayor parte del líquido que se bombeaba desde las fuentes.

Desde entonces, la situación no ha variado mucho. «La falta de agua, uno de los dolores de cabeza de los pinareños», anunciaba un texto publicado en Cubadebate el 30 de mayo de 2019.

Luis Alberto Marimón, jefe de la Oficina de Atención a la Población del Gobierno Provincial, asegura que el asunto tiene un monitoreo diario, a partir del número de opiniones desfavorables que se reciben por las diferentes vías.

«La actividad de Acueducto es la que mayor cantidad de quejas genera en la Oficina desde hace tiempo. Rebasa otros asuntos como el transporte o la vivienda».

En reunión del Consejo de Ministros, efectuada a principios de mayo, Antonio Rodríguez, presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), reconoció que la ciudad de Pinar del Río es la que más altos ciclos de abasto de agua tiene de todas las capitales provinciales del país.

Como promedio, explicó, la distribución es cada diez días, aunque en los sectores con situación más crítica puede llegar a los 20.

El directivo, sin embargo, solo se refería a las zonas que cuentan con redes, no al 21,3 % de la ciudad donde no hay infraestructura hidráulica.

Morir de sed habiendo tanta agua

A diferencia de otros sitios de Cuba, donde la disponibilidad de agua constituye un dolor de cabeza, las fuentes que abastecen la urbe pinareña cuentan con reservas suficientes para cubrir la demanda de las más de 152 000 personas vinculadas a los servicios de Acueducto.

Francisco Ismael Valdés, delegado de Recursos Hidráulicos, considera que es uno de los aspectos que el territorio tiene a su favor. De 32,8 millones de metros cúbicos que pudieran extraerse al año, se necesitan 27,7.

El talón de Aquiles está en el alto grado de deterioro de las redes (sobre las que hoy se contabilizan más de 500 salideros) y una serie de ineficiencias en los sistemas de conducción, que hacen que el 40 % del líquido que se bombea desde las fuentes se pierda o se malgaste, según estiman los especialistas.

A ello se suma el crecimiento desordenado que ha tenido durante décadas la ciudad, sobre una infraestructura hidráulica que apenas ha cambiado.

Luego de tomarle el pulso a la situación, durante la primera visita gubernamental, el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, indicó trabajar en todo lo que pudiera paliarse con medidas organizativas y de operación, y evaluar qué se podía hacer en materia de inversión.

Precisamente, en cumplimiento de una de las orientaciones de la visita de gobierno, recientemente el Consejo de Ministros analizó la propuesta de solución de abasto de agua y saneamiento a la ciudad de Pinar del Río.

Mario Luis López-Portilla, director de la Empresa de Investigaciones y Proyectos Proagua, explica que esta comprende acciones de rehabilitación, ampliación, modernización y construcción de nuevas obras, que se llevarían a cabo en dos etapas de trabajo, durante un periodo de diez años.

Con ellas, no solo mejoraría significativamente el servicio que se brinda actualmente, sino que se podrá extender a los 32 557 pinareños que residen en zonas donde no llegan las redes.

En total, el costo de la inversión (que también incluiría soluciones para el alcantarillado y el drenaje pluvial) se estima en 42 millones de dólares y 410 millones de pesos.

El directivo precisa que entre las labores a realizar en una primera fase estaría la rehabilitación de 12,1 kilómetros (km) de conductoras, 10,5 de ellos correspondientes al subsistema de 20 pulgadas, sobre el que se han instalado más de 1 700 acometidas, que implican entregas permanentes e incontroladas de agua.

Otra de las acciones fundamentales sería el trazado de 60 kilómetros de redes dentro de la ciudad y la construcción de un nuevo tanque de almacenamiento para la distribución por gravedad.

El delegado de Recursos Hidráulicos detalla que el propósito es ir haciendo rehabilitaciones y dándoles valor de uso, y añade que en la medida que el país disponga del financiamiento necesario, se podrá avanzar con mayor agilidad.

No obstante, con el monto destinado por su organismo en 2021 para inversiones en la ciudad, de 32,6 millones de pesos, ya podrán darse los primeros pasos.

 

Entre el entusiasmo y la duda

Aunque las perspectivas son halagüeñas, los discretos resultados de otras inversiones llevadas a cabo, en el pasado reciente en el sector, hacen que no pocos pinareños vean el tema con escepticismo.

En 2014, por ejemplo, Granma anunciaba que una nueva conductora de 800 mm, en sustitución de una vieja tubería que ya había llegado al fin de su vida útil, elevaría la calidad del servicio en el centro histórico de la ciudad y varios repartos adyacentes.

Más de 46 000 pinareños debían beneficiarse con la obra, según especialistas del INRH en declaraciones a nuestro diario.

Sin embargo, vecinos de algunas zonas que se alimentan de ese sistema consideran que el impacto de la nueva conductora no se ha reflejado en la reducción de los ciclos, ni en las presiones del agua que reciben. «Lo que se esperaba no ha sucedido», afirma, por ejemplo, Ariel Ernesto Hernández, desde la parte alta del reparto Rumayor.

Lamentablemente no se trata de un caso aislado. A mediados de 2019, funcionarios de Recursos Hidráulicos, citados por la Agencia Cubana de Noticias, informaban de una nueva inversión en la carretera a Viñales.

Un año y medio después, Luz María Paula, vecina del pasaje 175, en el kilómetro 2, recuerda que «se instaló la tubería principal, la gente compró las mangueras, ayudó a abrir las zanjas, pero el problema sigue. Uno pierde la cuenta de los días que se demora el agua».

Así también lo cree Amarilys Méndez, de la zona conocida como La Bloquera. «En los primeros tiempos, la ponían seguido, pero ahora lo hacen cada 15 o 20 días, y sin presión ninguna».

Por tanto, el programa para la solución del abasto del vital líquido en la capital de Vueltabajo, cuyo cronograma ya presenta atrasos, no solo demandará una inyección sin precedentes en recursos y equipos, sino la efectividad que en otras ocasiones se ha diluido como la sal en el agua.